Antonio Roma es uno de los mejores arqueros del fútbol argentino. En Boca las hizo todas: titular por 12 temporadas, ganó nada menos que 6 campeonatos, uno de ellos gracias a un penal memorable que le atajó a River. En 1959, cuando se convirtió en la pieza clave de un Ferro revelación, lo bautizaron con el nombre del protagonista de la película de moda: Tarzán. Ágil a pesar de su tamaño y de su peso, dominante en el juego aéreo y de gran personalidad, en Caballito no pudieron más que ficharlo el mismo día que se probó, a los 17 años.
Eso fue en 1949. Todavía le decían solamente Tano. En una entrevista publicada por la revista oficial del club a poco de su debut en Primera, Roma contó que su padre no quería que jugara el fútbol. La familia vivía en Villa Lugano y él se destacaba como delantero en Fortín La Loma, un club del barrio. Un día lo mandaron al arco, para aguantar a unos rivales que pintaban demasiado grandotes, y ahí se quedó.
En Ferro lo probó el Gordo Calocero, descubridor de varias generaciones de jugadores del club. "Terminada la práctica, todos los muchachos se fueron a los vestuarios, pero a mí me hizo quedar solo. Y tirándome pelotas con las manos me hizo realizar numerosas atajadas de una punta a la otra. Y así quedé", recordaba Roma.
En 1950 lo subieron a Cuarta División, con compañeros como Natalio Salas y Carlos Lara. En 1951, al equipo de Tercera, con el que salió subcampeón. Y en 1953, a Reserva. Si debutó recién en 1955, a los 23, fue porque el titular era nada menos que Roque Marapodi. "No creo que haya dos como él... Yo me he pasado muchos partidos mirándolo y espero algún día poder llegar a hacer alguna de sus atajadas", decía el Tano de Lugano.
Esta tapa de El Mundo Deportivo es de un año después. En 1959, tras 127 partidos en Ferro, Roma fue transferido a Boca -junto con el joven Silvio Marzolini- por 600 mil pesos de la época más cinco jugadores: Juan Carlos Barberis, Osvaldo Biaggio, Sergio Di Gioia, Héctor Giambartolomei y Juan Carlos Rodríguez.