#6 | ¿MaRRapodi o MaRapodi?

"La cosa está en los nombres, en cómo suenen, en las palabras, pero más, más en los nombres porque se puede estar transmitiendo agarrado al micrófono con las dos manos, casi pegado el fierro a la boca, y la camisa abierta, transpirada y abierta, los auriculares ciñendo las orejas y las sienes como un dolor de cabeza y ahí valen los nombres, tienen que venir de abajo, carraspeados, desde el fondo mismo del esternón, tienen que llegar como un jadeo, lastimarte, tienen que ser llenos, digamos macizos, nutridos, eso, nutridos. Tienen que llenar la boca, atragantarla, que se los pueda masticar, escupir, como pueda ser digamos Marrapodi, viejo, Marrapodi, ¡volóoo Marrapodi y echó al corner!, Marrapodi llena la garganta, sube, se puede arrastrar, no queda encía, muela, paladar sin Marrapodi, para deletrear casi con asco, con afonía. No. Marrapodi además volaba y se quedaba colgado en el aire con la pelota suya como un dirigible, remata, ¡vuela Marrapodi y atrapa! Roque Marrapodi, para colmo, nombre para reventarse las venas del cuello y que lloren los ojos por un solazo bárbaro de domingo a la tarde".

¡Arriba siempre, arriba verdolagas! ¿Cómo andan? Bienvenidos a nuestro #6.

Lo abrimos con el comienzo de un cuentazo de Roberto Fontanarrosa que se titula Los nombres (1992). Hace referencia a algunas cosas que nos resultan sensibles: uno de los arqueros más importantes de la historia de Ferro, las viejas transmisiones radiales -esos shows corales que nos permitían seguir la fecha de fútbol desde cualquier parte- y a una duda onomástica. ¿Cuál es la manera correcta de escribir el nombre de nuestro gran Roque Saverio Marapodi?

Bueno, lo estamos respondiendo desde el momento en que lo escribimos con una sola erre. ¿Pero por qué? Si, además, suena tan lindo con las dos, y mucho más narrado por Alejandro Apo.

Para empezar por el principio, Marapodi es el arquero que más veces defendió nuestra valla: 307 partidos. En dos etapas: desde que llegó al club en 1949 hasta 1955, que se fue a Vélez y a Temperley, en la B, y desde su regreso en 1961 hasta 1966, cuando se fue para retirarse en Arsenal, también en la B. Su promedio de gol no es especialmente bueno (1,57 por partido). Más que su infalibilidad, en tiempos ciertamente difíciles, a Marapodi lo caracterizaba su estilo: alto y delgado, era un gran volador, como recoge Fontanarrosa -con doble erre- en su cuento. Esta tapa de la revista del club lo pinta bien.

Alguien tuvo la feliz idea de compilar imágenes con algunas de sus atajadas. ¡Qué manera de revolcarse!

Marapodi nació el 24 de abril en Guaminí, provincia de Buenos Aires. Su primer club fue Rosario de Puerto Belgrano, en la liga de Bahía Blanca. Desde ahí llegó a Ferro.

El padre se llamaba Antonio y la madre, Ana Rosa, según la partida de nacimiento que tenemos en su ficha de la sección Con la Verde de LaFerropedia. Es ahí mismo donde su apellido aparece con una sola erre.

Acá está su firma de puño y letra. En 1952, Ferro viajó a Brasil y al hacer el trámite correspondiente en Migraciones nuestro Roque Saverio se puso -además de profesión "deportista", estado civil "soltero" y domicilio por el Parque Chacabuco- una sola erre. Tenía 23 años.

Hernán Mundo, hincha de Ferro, periodista y profesor de Italiano, nos explicó que en este idioma la erre se pronuncia suave cuando esta sola, tanto al principio como al final de cualquier palabra (como en Montemarani, Jorge Alberto o en Ravaschino, Alberto, por citar otros futbolistas de Ferro), y fuerte cuando son dos (como en Sciarra, Oscar).

Por supuesto, nada de esto impide que sigamos llamando a Roque Saverio Marapodi como nos gusta y como mejor suena. Para la gente que lo vio atajar, incluso hinchas de otros clubes, el Flaco fue un símbolo de Ferro. Es el único futbolista de club que apareció tres veces en la tapa de El Gráfico. También tiene su libro (Una historia de alto vuelo, 2004) y su biógrafo, un vecino ilustre de Caballito llamado Ángel Contenla, fallecido el año pasado. Y hasta un hermoso tema para guitarra compuesto por el también socio de Ferro y músico Rafael Nicolau.

En nuestro #5, dos semanas atrás, intentamos formular una lista de parientes -hijos, padres, nietos, tíos, primos y hasta cuñados- que jugaron en Ferro en todos los tiempos. Fue la edición de Arriba siempre que más repercusión tuvo: muchas gracias a todos por los mensajes y los aportes. Beto Rosciolesci, historiador de Ferro y seguidor de este newsletter, nos recordó tres casos de los que nos olvidamos: Carlos Trullet y su hijo Lautaro, técnico y jugador en en Nacional B 2008-09, el Tata Brown y su hijo Juan Ignacio, en momentos distintos de la misma década y la siguiente, y los hermanos Rodolfo y A. Perego, integrantes de la misma delantera en 1921.

Estas es más info nueva que recogimos en las últimas semanas para LaFerropedia:
☑️ El hijo de Luis Cettour, defensor de Ferro en 1968, nos corrigió vía Instagram la fecha de nacimiento de su padre. Es uno de nuestros ocho futbolistas nacidos en Gualeguaychú, provincia de Entre Ríos.
☑️ También nos actualizó su fecha de nacimiento Jorge Gómez, que atajó 2 partidos en Ferro en 1974.
☑️ Una curiosidad que encontramos en una revista Caras & Caretas de 1923. En octubre de ese año, una selección universitaria argentina enfrentó a una uruguaya. Para la de nuestro país jugó nuestro centre half Juan Ernesto Vigliola, que más tarde se recibió de médico y trabajó en esa condición en San Lorenzo.
☑️ En un ejemplar del diario Crítica de 1932 dimos con una entrevista a nuestro wing Enrique Gainzarain, chivo expiatorio de la prensa de entonces por errar un gol para Argentina en la final olímpica de 1928. En la nota, el Vasco Gainzarain -goleador número 11 de nuestra historia- cuenta que estaba en conflicto con los dirigentes de Ferro y que trabaja como empleado del Banco Provincia.

Otro día vamos a armar la lista de los jugadores de Ferro que, como el pobre Gainzarain, integraron la selección argentina. El Flaco Marapodi es uno de ellos.

Mientras tanto nos despedimos hasta el próximo Arriba siempre. Que le ganemos a Atlanta (🙏).

Un abrazo verdolaga.

19 de agosto de 2025

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