Amigos son los amigos | LaFerropedia

1973 // REVISTA EL GRÁFICO

Amigos son los amigos

En el club Crisol, donde se mezclaban Villa Soldati y Pompeya, se juntaba una linda banda. Gerónimo Saccardi, Carlos Alberto Vidal, Héctor Peláez… Tenían una rutina común a la de tantos pibes, sobre todo en esa época: la escuela a la mañana y la número 5 hasta la noche. Cacho y el Goma pertenecían a barras diferentes y -parece- de chicos se tenían bastante pica. Hasta que por los 13 años les tocó defender los colores de Crisol y se hicieron amigos para siempre.

Para mayo de 1973, el Goma Vidal ya era un goleador con curriculum; Cacho Saccardi la peleaba más de atrás, pero estaba a punto de convertirse en el referente que fue después. Ferro andaba a los tumbos, como tantas otras veces: ese año tuvo 4 directores técnicos distintos. Pero se ve que la dupla funcionaba y llamó la atención de la revista El Gráfico, que les dedicó esta doble página y una producción de fotos -en la cancha auxiliar– jugando como los pibes que eran en los días de Crisol.

La nota la firma Carlos Marcelo Thiery, famosa pluma de la época. Es muy divertida: Cacho y el Goma cuentan sobre su infancia, recuerdan anécdotas y se hacen bromas todo el tiempo. También dicen: “Quién iba a imaginar que jugaríamos juntos en Primera… Hay una sola cosa que nos duele: el Pichi Peláez no podrá jugar más y todavía no lo podemos creer“.

Efectivamente, Peláez sufrió una lesión en un partido con San Lorenzo, un año antes, que le truncó la carrera. En la infancia, los tres juntos limpiaban los cajones de sus casas hasta encontrar una moneda para gastar, montaban caballos a pelo por los descampados del barrio, se tiraban al Riachuelo a rescatar las pelotas que se perdían… Todo de a tres, según le contaban a El Gráfico.

Thiery dice que Cacho es “un edificio de músculos” y el Goma, “un módico paquetito de nervios”. La llegada de ambos Ferro fue en 1964, de la mano del maestro José Scalise, que los descubrió en Pompeya. En el momento del reportaje, los dos tenían 23 años y ya estaban casados. Cacho había sido canillita en un puesto de Gascón y Honduras; Vidal venía de trabajar con el padre como recolector de basura.

La nota termina así: “Lo único que queremos -dicen los dos a dúo- es conseguir que este año Ferro no se vaya al descenso (…). Mirá, como todos los jugadores, nosotros también soñamos a veces con grandes pases, con transferencias que nos puedan dejar plata gorda. Pero en este momento nos ponés sobre la mesa a los mejores cuadros del mundo y nos vamos a quedar mil veces con Ferro, porque le debemos mucho y porque lo queremos como si lo hubiéramos fabricado nosotros“.

Fuentes

El Gráfico 2799 (colección Pablo Abiad), Pablo Cavallero: Cacho Saccardi, el último guerrero romántico” (Al Arco, 2019)

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